Ya iba tocando ciencia-ficción de la vieja escuela...

«La historia es un río de sangre, Bobby. Eso es lo que la GusanoCámara nos obliga a ver. La historia arrastra las vidas, como granos de arena, hasta el mar de la oscuridad, y cada una de esas vidas es, era, tan preciosa y vibrante como la tuya o la mía. Y ninguna de ellas, ni una sola gota de sangre, puede ser cambiada»

Luz de otros días fue la primera cooperación literaria de dos escritores británicos de ciencia-ficción: el veterano Arthur C. Clarke y el prometedor Stephen Baxter. No es una novela ajena por completo a las inquietudes que sir Arthur C. Clarke manifestó en novelas anteriores, pero sí le da una vuelta de tuerca curiosa a dichos temas. Además es una novela del año 2.000, es decir, relativamente reciente, por lo que se apoya en sucesos y conocimientos de física cuántica bastante cercanos a lo que sabemos hoy.

Situémonos en un hipotético futuro cercano, en 2.036. La Tierra está siendo devastada por las consecuencias del imprudente paso del ser humano: especies casi o ya irreversiblemente extintas, cambio climático, delincuencia, apatía y hedonismo. No es para menos, ya que la humanidad ha descubierto recientemente que un enorme cometa, de algo menos de un tercio de la masa terrestre, está en camino y colisionará con nuestro planeta en menos de 500 años. Ríete tú del meteorito que acabó con los dinosaurios. Los humanos, obviamente, están desesperados, ya que la salvación del planeta parece imposible. Así que ¿para qué preocuparse por el bienestar del planeta, si en pocas generaciones no habrá nadie con vida? ¿Para qué respetar las leyes? ¿Para qué ir al trabajo? ¿Para qué respetar la vida?

Pan y circo. Eso es todo lo que importa ahora. Así que las grandes corporaciones de información y noticias son de los más prósperos negocios que existen. Sin embargo, el magnate de una de ellas, un tipo llamado Hiram Patterson, cuenta con suficientes recursos económicos como para mantenerse líder en nuevas tecnologías de la información. Gracias a su hijo Bobby, que es un chico bastante ducho en cuanto a realidad virtual, y a su hijo David, un físico teórico extraordinariamente competente, Hiram consigue desarrollar una nueva tecnología basada en agujeros de gusano que en un principio le permite transmitir información de forma extremadamente eficiente. Sin embargo, ¿para qué conformarse con transferir información, cuando puedes desarrollar la tecnología necesaria (bautizada con el nombre de GusanoCámaras) para ver en tiempo real a través del agujero de gusano lo que sucede en otras partes del mundo?

Y así, Baxter y Clarke plantean un interesante dilema: ¿qué sería de un mundo ya de por sí condenado a la extinción, desmoralizado y prácticamente hecho pedazos, si lo poco que quedaba (la intimidad) desaparece por completo? Pero no se queda en absoluto en un dilema teórico; los autores profundizan en el dilema moral y en sus posibles consecuencias en la sociedad. Así como en todas las posibles aplicaciones que podrían encontrarse a esta tecnología, para bien y para mal. Porque, además, hay que tener en cuenta que un agujero de gusano hace referencia al espacio-tiempo. Es decir, puedes moverte en el espacio... y también en el tiempo. De hecho, la tecnología desarrollada por la empresa de Hiram permite ver el pasado. Las consecuencias de conocer la Historia real, no la que viene en los libros de texto, son también para tener en cuenta: el desmoronamiento y/o replanteamiento de las religiones y por tanto de la fe de muchos millones de seres humanos, las mentiras tapadas por los vencedores, los personajes míticos que no lo fueron tanto, los personajes en la sombra que tuvieron mucho que ver en determinados acontecimientos, las cortinas de humo desveladas... Vamos, que si la Humanidad estaba deprimida y perdida antes de las GusanoCámaras, imaginaos ahora. ¿O tal vez eso es justo lo que la Humanidad necesitaba para espabilar de una vez?

El argumento en sí, a pesar de interesante, no es muy original. La probable destrucción de la Tierra y la trascendencia de la humanidad, la decadencia moral y los agujeros de gusano ya se han empleado en otras novelas de ciencia-ficción. Sin embargo, el planteamiento moral que los autores realizan sí es infrecuente en la literatura fantástica. Lástima que hacia el último tercio de la novela la línea argumental empiece a divagar y diversificarse, hasta llegar a un final un tanto errático y, en mi opinión, algo forzado. Suena a que el editor no estuvo muy contento con el final inicial planteado por los autores (y que se puede imaginar sin mucho esfuerzo, aunque prefiero no decir nada para no estropearle la lectura a nadie). Los personajes no están demasiado bien elaborados, ya que, aunque al principio los autores hacen un esfuerzo encomiable por darles personalidad, ésta se acaba diluyendo cuando, de repente, Clarke y Baxter dejan de prestar atención a sus características. Eso sí, algunas de las hipótesis históricas que plantean los autores son francamente interesantes.

En definitiva, es una novela que se lee bastante bien, aunque no llega a la altura de las Odiseas espaciales o de Cánticos de la lejana Tierra, por mencionar algunas obras de Clarke. De Baxter no puedo opinar, ya que no he leído nada de él salvo esta novela.

Un besote de buenas noches